Cuando en octubre del 2014 nos dijeron que en nuestras vacaciones de verano debíamos desarrollar de manera independiente un proyecto de voluntariado que cumpla con los requisitos que CAS solicita, me entusiasmó mucho, ya que yo podía elegir el proyecto y vincularlo con mis gustos y pasiones. En un principio pensé en dictar clases de ballet gratuitas, sin embargo, por algunas circunstancias no se pudo y eso me desanimó bastante. Pasaron las semanas y ya debíamos presentar nuestro proyecto y Mili, una compañera de clase, me avisa que en la clínica San Juan de Dios estaban necesitando voluntarios, la idea me entusiasmó ya que conozco un poco de la clínica, mi mamá también había sido voluntaria allí hace muchos años, decidí hablar con ella y después de esa conversación decidí que ese era el lugar elegido para pasar algunas horas de mi verano.
Un viernes un grupo de compañeros de mi salon fuimos a la clínica para inscribirnos, lamentablemente la encargada del área de voluntariado, la señorita Yessenia, estaba muy ocupada y no nos pudo atender. Volví a ir por mi cuenta al día siguiente, ese día hubo una charla para los voluntarios, hablaron de una actividad: una chocolatada en el albergue de la clínica por navidad. En ese momento yo era nueva y ahí comencé a conocer a algunos voluntarios, me inscribi y todos juntos comenzamos a aportar ideas sobre qué hacer en la chocolatada. Quedamos en reunirnos a la siguiente semana, y que haríamos una rifa para recaudar suficiente dinero y comprar regalos para los niños del albergue.
A la siguiente semana, fue la reunión para organizarnos, ahí nos dieron las rifas que debíamos vender, planificamos lo que haríamos: quienes comprarian los regalos, quienes se encargarian de forrar los regalos, etc. Esta reunión me sirvo especialmente para integrarme, considero que yo no soy muy sociable, no me gusta relacionarme con personas que acabo de conocer, sin embargo para hacer bien las cosas y aportar ideas, esto era necesario, así que aunque me costó decidí abrirme y hablar; conocí a nuevos chicos, cada uno venía por distintas razones y de distintos lugares, algunos eran de una realidad distinta. Por lo que voy viendo y con algunas cosas que ellos cuentan, sé que la mayoría es de una clase social menor que la mía y eso me impactó, ver como personas que tienen menos que yo, igual se esfuerzan y tienen todas las ganas de ayudar a personas que tienen menos que ellos, había una chica que venía desde Chosica, es decir no le importaba la distancia, ella quería ayudar aquí; todo esto me hizo preguntarme si yo estaría dispuesta a hacer algún voluntariado sin la necesidad de que sea porque el colegio me la pida, mi respuesta fue que si va ligado con mis metas personales y con lo que quiero y espero que sea el mundo, obviamente si.
Llegó el día de la chocolatada, el 21 de Diciembre, llegue a las 9 de la mañana a la clínica, nos organizamos y fuimos al albergue, llegamos y era un lugar humilde con varias madres con sus hijos que tenían alguna enfermedad, algunos discapacitados pero todos contentos por tenernos ahí acompañandolos. Empezó el show, bailamos, cantamos, compartimos, conocí a algunos niños que me contaron sobre su estado de salud y cómo se sentían, la mayoría me dijo que no eran de Lima, sino de provincia y venían exclusivamente a hacerse sus chequeos y terapias. Aprendí que tanto ellos como sus madres son personas muy fuertes, dispuestos a realizar algunos sacrificios con el fin de que los niños están en una mejor condición de salud.
En enero 2015 empezaron oficialmente mis actividades de voluntariado en la clínica San Juan de Dios, el martes 13 fui a la clínica a las 11 de la mañana, me asignaron el área de hospitalización de adultos mayores. Allí conocí a Aziza, una paciente de 64 años que padece de alzheimer, lamentablemente Aziza no recibía visitas, por eso era bueno para ella tener compañía. Pude hablar con ella, a pesar de que sólo respondía sí o no, logré conocer algunas cosas sobre ella, como que tiene un hijo, no fue a la universidad, viene de familia chilena y árabe. Asimismo, llegó las 12 y era la hora del almuerzo, yo le di de comer a Jorge, no pude hablar mucho con la enfermera ya que ella estaba ocupada, lo único que ella me contó fue que Jorge no podía hablar, sin embargo si podia escucharte. En un principio me sentí incómoda de darle de comer a alguien desconocido, no sabía qué decirle, pero conforme le di de comer esa incomodidad se fue y me puse a pensar en lo que estaba haciendo por personas desconocidas y que no hice por mi familia. Hace dos años mi abuelo estuvo hospitalizado por aproximadamente un mes, en todo el tiempo que estuvo el ahí, yo no estuve dispuesta a hacer algo por él y reflexionando eso ahora, me siento muy avergonzada de mi actitud. Considero que si tu quieres hacer un cambio, primero debes empezar por los tuyos, por las personas que tienes cerca y amas, transmitirles el mensaje de amor y de ayuda, y junto a ellos ayudar y compartir con otras personas necesitadas; tal vez yo empecé al revés, pero desde ahora estoy dispuesta a ayudar tanto a mis familiares como a las personas que yo considero “más necesitadas”.
Experiencias:
Trabaja en comunidad: Fuimos aproximadamente 20 chicos que estuvimos participando tanto en las reuniones como en la chocolatada, intercambiando y aportando ideas.
Organiza actividades: organizamos la chocolatada para el albergue, logre proponer algunas dinámicas y soluciones a los problemas que se nos presentaron.
Lidera con inspiración: Mi nuevo desafio aquí fue hablar con personas discapacitadas, poder compartir con ellas y a su vez aprender de ellas.
Siente con la iglesia y el mundo: me sensibilicé con las personas discapacitadas, ya que no me gustaría estar en su lugar, se cuanto ellos y sus familiares luchan y es por eso que decidí ponerme al servicio uniéndome al voluntariado de San Juan de Dios.
Busca la verdad y actúa con coherencia: Me cuestioné si era correcto lo que hacía: ayudar a personas que no conozco y sin embargo no estaba dispuesta a ayudar a mis familiares; lo cual me hizo llegar a la conclusión que debía ayudar a los dos por igual e incentivar a mis familiares para que lo hagan conmigo.




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